
Ganas… y algo más
Llevas meses pensando en pesca.
Mirando el río desde fuera.
Y mientras se acerca la temporada empiezan los nervios.
La víspera cuesta dormir.
Preparas el equipo con ilusión, sí.
Te pones el vadeador y te notas raro.
Cuando por fin estás dentro del agua, te das cuenta.
No estás fino.
La realidad te pasa por encima
Cuesta hacer el primer nudo.
Te cuesta calcular las distancias.
Quieres que todo funcione como lo dejaste el año pasado.
Pero no te sale nada.
Durante unos minutos dudas.
Si has perdido el tacto.
Si sigues teniendo el punto.
Y esa incomodidad pesa más que no ver peces.
Volver no es automático
Creías que sería llegar y ya.
Pero no basta con estar en el río.
Tienes que volver a parar antes de lanzar.
Volver a mirar el agua con calma.
Volver a decidir dónde poner la mosca y por qué.
Aceptar que el río no tiene por qué darte nada.
Recuperar el sitio
No es cuestión de técnica perfecta.
Ni de distancia.
Ni de números.
Es cuestión de volver a pensar como pescador.
Pararte.
Leer.
Decidir.
La primera jornada no te devuelve tu mejor versión.
Te recuerda que no basta con esperar a que pase el invierno.



