
Después de tantos años pescando, hay cosas que se me siguen escapando
Hay días que parecen perfectos y aun así sudas tinta para salvar el bolo.
Posturas claras que siempre suelen dar resultado y no sacas un pez.
He intentado explicarlo con técnica.
Con control.
Y durante mucho tiempo pensé que el problema estaba ahí.
En que algo estaba fallando.
Pero no siempre es así.
Cuando hacerlo todo no te da respuestas
Hay una parte de la pesca que no se deja controlar.
Da igual cómo plantees la postura.
Da igual el lance.
Da igual la deriva de la mosca.
Simplemente no hay picadas.
Y no sabes muy bien por qué.
Y lo incómodo no es que no las haya.
Es no poder explicarlo.
Porque entonces ya no tienes nada a lo que agarrarte.
Lo que cambia cuando dejas de intentar controlarlo todo
Y cuando eso ocurre muchas veces, algo cambia.
No mejoras porque controles más.
Mejoras porque empiezas a aceptar que hay cosas que no dependen de ti.
Y eso cambia la forma de estar en el río.
Más despacio.
Con más atención.
Sin necesidad de forzar cada situación.
Sin esa prisa constante por que “tiene que pasar algo”.
Cómo quiero pescar esta temporada
Esta temporada voy a dejar de intentar controlarlo todo.
Y voy a intentar entender dónde tiene sentido insistir… y dónde no.
Voy a seguir haciendo las cosas bien,
pero sin la necesidad de que siempre tengan que dar resultado.
Voy a aceptar que hay días en los que el río no responde.
Y aun así, seguir pescando con intención.
Con atención.
Sin ruido en la cabeza.
Seguir probando cosas.
Seguir afinando.
Sabiendo que siempre va a haber una parte que se escapa.
Y probablemente, ahí es donde está lo importante.



