
La pesca forma parte de ti
Hay días en los que el río queda lejos. Guardas el equipo, el vadeador se seca en el garaje y las cañas descansan en su tubo. Pero aun así, sigues pensando como pescador.
Sin darte cuenta, eliges el ritmo del día como si leyeras una corriente. Mides los tiempos, observas los cambios, esperas el momento. Esa forma de estar no desaparece cuando termina la temporada.
Muchas de las ideas que lees aquí salen primero de la lista de correo. Es donde voy compartiendo lo que aprendo en el río, tal como viene.
No lo puedes evitar
No hace falta tener los pies en el agua para estar pescando.
La forma de mirar, la calma con la que esperas, cómo eliges el momento justo para moverte.
Eres pescador y no lo puedes evitar.
Esa forma de ser se cuela en todo. En una conversación, en cómo observas algo que cambia, en esa paciencia que ya no tienes que fingir.
Del río aprendiste que todo llega cuando toca, que forzar las cosas solo enturbia la deriva.
Lo que enseña una tabla difícil
Cuando algo se tuerce, respiras hondo, observas y vuelves a intentarlo. Igual que en una tabla complicada.
El gesto ya es automático, como si la mente siguiera anclada a la orilla aunque los pies estén lejos.
Y es que cada error enseña algo. Cada lance fallido, cada corriente mal leída, deja una huella que no se borra. Aprendes a ajustar, a confiar, a esperar sin impaciencia.
Una forma de estar en el mundo
Ser pescador a mosca no es un hobby.
Es una forma de estar en el mundo: atento, tranquilo, con la cabeza donde corre el agua aunque estés lejos de ella.
Porque uno no deja nunca de ser pescador.
Solo cambia el escenario.
Pescar es mucho más que capturar peces.




