
Un río que se queda quieto
Cuando termina la temporada, el río no desaparece.
Sigue ahí, pero sin ruido. Sin cañas, sin prisas, sin la excusa constante de lanzar otra vez.
Las corrientes parecen más lentas. La superficie más limpia. El conjunto se vuelve casi incómodo de mirar, como si el río ya no tuviera nada que ofrecer.
Y sin embargo, es justo ahí cuando empieza a devolver cosas.
Decisiones tomadas deprisa. Derivas que fallaron sin que supieras por qué. Posturas en las que siempre entraste convencido y saliste sin respuestas.
Ahora todo está quieto. Demasiado quieto para esconder errores.
El silencio no corrige errores
Al principio el silencio parece estéril.
No hay actividad, no hay señales claras, no hay confirmación inmediata.
Solo agua moviéndose.
Con el tiempo empiezan a aparecer patrones que durante la temporada pasaban desapercibidos. No porque no estuvieran ahí, sino porque estabas ocupado haciendo otra cosa.
Un remolino que siempre ignoraste.
Una entrada que llegaba tarde una y otra vez.
Una luz que cambiaba la lectura del tramo sin que la tuvieras en cuenta.
El río muestra, pero no interpreta.
Eso conviene tenerlo claro.
Mirar no es entrenar
Aquí es donde muchos se engañan.
Creen que observar en invierno es aprender. Que mirar el agua con calma ya es una forma de mejora. Que basta con estar atento.
No es así.
Observar solo te pone delante del problema. No te enseña qué hacer con él cuando vuelvas a pescar.
El río puede señalarte una fricción, pero no te dice cómo corregirla. Puede enseñarte un error repetido, pero no te explica por qué ocurre ni cómo evitarlo cuando todo vuelve a moverse.
Confundir atención con aprendizaje es cómodo.
Por eso es tan fácil quedarse ahí.
Lo que queda pendiente
Cuando el río está parado, muchas cosas salen a la superficie.
Lo que no se ve es cómo convertir todo eso en decisiones mejores cuando vuelve la acción.
Eso no lo da el silencio.
Ni la intuición.
Ni las buenas intenciones.
El río en invierno abre preguntas.
Responderlas es otro trabajo distinto.
Y ese trabajo no ocurre mirando el agua.




