
El chaleco que siempre pesa demasiado
Hubo una época en la que nunca aprendía la lección: salía de casa con el chaleco tan cargado que, si me caía al agua, me hundía como una piedra.
Pesaba una tonelada y estaba lleno de cosas inútiles: cajas de moscas que ni abría, bobinas de hilo que no tocaba y cachivaches de lo más variopinto que nunca usaba.
Y cuando empecé a soltar lastre, descubrí que cuanto más simple iba, más libre pescaba y más disfrutaba de la jornada.
Llegué a entender que el peso real no era del material, sino de esos “por si acaso” que nunca se cumplían.
Muchas de las ideas que lees aquí salen primero de la lista de correo. Es donde voy compartiendo lo que aprendo en el río, tal como viene.
Lo que no usas, te estorba
Pensamos que más material nos da más opciones, que acumular cajas y cajas de moscas nos va a asegurar las capturas.
Pero en realidad nos roba tiempo, atención y, como nos pasemos con el peso, hasta la salud, porque hay días que lo notas en la espalda y en los riñones.
Una vez en el río, casi siempre pescamos con lo mismo: unos pocos patrones fiables y la confianza para usarlos bien.
El resto es peso muerto.
Soltar lastre para disfrutar más
Un día me dio por cambiar el chaleco por un chest pack, y empecé a acostumbrarme a llevar mucho menos material a cuestas.
Y me di cuenta de algo: cuanto más ligero iba, más clara era mi cabeza.
Menos cosas que decidir, menos cosas que cargar, más energía para lo que importa: leer el agua, observar y lanzar bien.
Ir ligero no es una moda minimalista. Es una forma de concentrarse en lo esencial.
La verdadera lección del chaleco
En el río, como en la vida, lo que marca la diferencia no es llevar más, sino aprender a usar bien lo justo.
Cada mosca, cada herramienta, cada minuto cuenta.
Y cuando aprendes a dejar espacio, las jornadas pesan menos y valen más.




