
Volver a un sitio que crees conocer
Todos tenemos un tramo al que volvemos una y otra vez.
No suele ser el más bonito ni el que más peces da. Simplemente está ahí. Familiar. Cómodo. Crees que lo conoces.
Sabes dónde frena el agua.
Dónde gira la corriente.
Dónde “siempre hay algo”.
Y aun así, cada temporada vuelves con la sensación de que algo se te escapa.
Lo que cambia aunque tú no lo notes
El río cambia constantemente. El nivel. La luz. La velocidad. Los apoyos.
Eso es evidente.
Lo menos evidente es que tú también cambias, aunque no siempre para mejor. Tu forma de lanzar, de colocarte, de leer el agua se ajusta sin que seas del todo consciente.
El problema es que muchas veces sigues mirando el tramo como antes.
Y cuando miras igual, interpretas igual. Aunque el río ya no sea el mismo.
Repetir no garantiza aprender
Aquí está la trampa.
Repetir un tramo da sensación de control. De experiencia. De seguridad.
Pero repetir sin revisar solo consolida hábitos.
Ves lo que ya sabes ver.
Ignoras lo que nunca encajó.
Confirmas decisiones antiguas sin volver a cuestionarlas.
El río no repite lecciones.
Eres tú quien suele repetir las mismas respuestas.
Lo que no se ve a primera vista
Volver siempre al mismo sitio puede ser una ventaja enorme.
O una manera muy eficaz de estancarte.
La diferencia no está en el tramo.
Está en si eres capaz de detectar qué ha cambiado y qué sigues haciendo igual aunque ya no funcione.




