
Cuando el río cambia de ritmo
Siempre me ha gustado pescar cuando la temporada se apaga.
El calor sofocante del verano queda atrás y el río se transforma. Podemos volver a pescar al mediodía, cuando la luz es más limpia y los insectos vuelven a moverse sobre la superficie.
Los tramos imposibles del verano recuperan vida. El agua baja clara, fresca, y cada corriente parece invitar a quedarse un rato más.
Es como si el río respirara distinto.
Muchas de las ideas que lees aquí salen primero de la lista de correo. Es donde voy compartiendo lo que aprendo en el río, tal como viene.
Truchas desconfiadas y lances precisos
Pero no es fácil. Las truchas ya lo han visto todo: ninfas de todos los tamaños, emergentes, secas… y cada una las ha hecho un poco más sabias.
A estas alturas, cualquier error se paga caro. Solo una presentación precisa y silenciosa puede engañarlas.
El reto y la calma del final de temporada
Y sin embargo, siguen ahí. Con la urgencia de alimentarse antes de la freza, con la desconfianza de quien ya conoce todos los trucos.
Esa tensión entre necesidad y recelo convierte cada jornada en algo único.
El final de temporada tiene algo de despedida y algo de celebración.
No hay prisa, ni ruido, ni metas. Solo el agua, el silencio y una última deriva bien hecha.



