
Un pozo que ya no existe
Hace muchos años, había un pozo que hoy ha desaparecido.
Siempre había truchas comiendo arriba. Era una visita obligada siempre que pescabas el río Baztán.
No importaba cómo viniera el río ni cómo hubiera ido el día hasta entonces.
Siempre había que hacer unos lances en ese pozo.
Mirar antes de entrar
Un día llegué y encontré a dos chavales intentándolo.
Para no molestar, me salí del agua y me senté a observar cómo pescaban.
Me fijé en las moscas que estaban usando y lo tuve claro.
Eran demasiado grandes.
En ese pozo, con las truchas acostumbradas a comer dípteros, el tamaño sí era fundamental.
Probarlo delante
Dejaron de pescar y nos pusimos a charlar.
Les dije que así no iban a pescar ninguna y les enseñé el díptero del 22 que usaba allí.
Pensaron que les estaba vacilando, pero me dejaron entrar al pozo.
Segundo lance, trucha clavada.
La llevé a la tomadera.
Lo que se queda
Les regalé dos o tres dípteros, me despedí de ellos y me subí a una tabla que hay aguas arriba.
A los días volví al Baztán y me encontré a uno de ellos pescando en el mismo sitio,
con un díptero igual al que yo le había dado.
Me comentó que había perdido los que le regalé,
pero que el montaje era sencillo y que había empezado a montárselos él mismo.
Ahí está la clave
Muchas veces la respuesta está delante de ti.
Pero no la ves porque ya has decidido qué debería funcionar.
No hace falta complicarse.
Cuando algo funciona, entender por qué funciona y actuar en consecuencia vale más que llevar cien patrones distintos.
No es una cuestión de moscas.
Es una forma de decidir en el río.




