
El mito de la muñeca
Durante años se repitió que usar la muñeca era casi un pecado.
Que el buen lanzador no la movía, que todo debía salir del brazo y del hombro.
Hoy sabemos que eso era un mito.
Sin muñeca no hay rotación, y sin rotación no nace el bucle.
Muchas de las ideas que lees aquí salen primero de la lista de correo. Es donde voy compartiendo lo que aprendo en el río, tal como viene.
Lo que realmente hace la muñeca
La muñeca no solo lanza: corrige.
Es la que permite esos pequeños remiendos tras la parada.
Los que cambian la deriva, ajustan la presentación y evitan dragados imposibles.
Cómo entrenarla
No se trata de forzar, sino de educar.
Practica movimientos cortos y precisos, con la fuerza justa para que la línea se extienda suave y controlada.
Un buen punto de partida es el ejercicio de la T, que te ayuda a controlar la muñeca y a mantener la línea en el plano correcto.
Puedes ver el vídeo también en YouTube aquí.
Dominar la muñeca no tiene que ver con potencia, sino con sensibilidad.
Y cuando esa sensibilidad aparece, el resto del cuerpo simplemente acompaña.




