
Cuando las truchas lo han visto todo
En algunos tramos, la presión de pesca convierte el río en una escuela para las truchas.
Cada posada, cada deriva, cada reflejo en el agua les resulta familiar.
Se han vuelto más recelosas y son más rápidas en detectar cualquier error.
Muchas de las ideas que lees aquí salen primero de la lista de correo. Es donde voy compartiendo lo que aprendo en el río, tal como viene.
Romper la rutina del pez
Repetir lo que hace todo el mundo no sirve de nada.
Si todos lanzan igual y usan las mismas moscas, el pez ya está vacunado.
La diferencia está en atreverse a probar otras cosas.
Presentar desde otro ángulo, lanzar aguas abajo, usar patrones que casi nadie utiliza… cualquier gesto que rompa la rutina que la trucha ha aprendido a esquivar.
En estos escenarios no gana quien lleva la mosca más rara, sino quien cambia la forma de presentarla.
La clave está en reinterpretar el agua
Cuando el río está lleno de huellas de otros pescadores, la suerte deja de contar.
Solo importa cómo lees y reinterpretas el agua.
Cada lance se convierte en una conversación nueva con un pez que ya lo ha oído todo.
Y cuando por fin responde, entiendes que no se trataba de insistir, sino de mirar el río con otros ojos.




