
Cuando no hay río, aparece el ruido
Enero es incómodo.
No hay jornadas que contar ni decisiones que tomar en el agua.
Solo tiempo. Y cabeza.
Sin el río delante aparecen dudas que durante la temporada se tapan con acción. Te preguntas si has avanzado de verdad, si aquello que creías entender estaba bien asentado o si simplemente funcionaba porque el contexto ayudaba.
No pasa nada concreto.
Pero algo se mueve.
La falsa sensación de estar parado
Estamos acostumbrados a medir el progreso por lo visible.
Días de pesca, capturas, buenas sensaciones.
Cuando eso desaparece parece que todo se detiene.
Como si aprender solo fuese posible con la caña en la mano.
No lo es.
Hay un aprendizaje más lento, menos agradecido, que no deja recuerdos claros. No suma habilidades.
Recoloca criterio.
Lo que se recoloca en silencio
Sin río empiezas a ordenar ideas sin darte cuenta.
Recuerdas situaciones pasadas y las entiendes de otra manera.
Errores que antes no sabías ni nombrar empiezan a tomar forma.
No corriges nada todavía.
No mejoras nada todavía.
Pero empiezas a entender por qué algunas cosas funcionaban y otras no.
El proceso que no se ve
Hay temporadas que se viven en el agua y otras que se viven por dentro.
Esta es una de esas.
No es una fase productiva.
No es estimulante.
No da sensación de avance.
Pero cuando vuelvas al río, algo estará en su sitio antes del primer lance.
Y eso también es aprender.




