
Cómo te mueves por el río
Antes de pensar en moscas, bajos o lances, conviene pararse un momento.
¿Dónde entras al río?
¿Por qué avanzas justo ahí?
¿En qué punto decides que ya puedes lanzar?
¿Cuántas decisiones has tomado antes de sacar línea del carrete?
¿Y cuántas de ellas las has tomado sin darte cuenta?
Los errores que casi nunca se ven
La mayoría de los peces que espantamos no los espantamos con la línea.
Los espantamos con los pies.
Un paso de más.
Una entrada mal elegida.
Una sombra donde no tocaba.
Un ruido justo cuando el tramo estaba en calma.
No son errores grandes.
Son casi invisibles.
Y precisamente por eso, pasan desapercibidos.
Cuando todo parece estar bien… hasta que no lo está
No hay una señal clara.
El río no avisa.
No hay una referencia evidente que te diga en qué momento algo se torció.
Solo esa sensación incómoda de que todo encajaba…
y de repente dejó de hacerlo.
Ahí es donde empieza a aparecer una idea que no siempre gusta aceptar.
Moverse bien también es pescar bien
No se nota cuando lo haces mal.
Y por eso cuesta tanto darse cuenta.
Sigues avanzando.
Sigues lanzando.
Sigues ajustando cosas que no eran el problema.
Y mientras tanto, las decisiones importantes ya quedaron atrás.
El aprendizaje que empieza antes del lance
Pescar mejor, muchas veces, empieza bastante antes de sacar línea del carrete.
El problema es que no siempre es evidente qué parte del proceso se te está escapando.
Ni cuándo fue el momento exacto en el que dejaste de pescar… y empezaste solo a lanzar.
Ahí el río enseña despacio.
Y no siempre cuando llevas la caña en la mano.




